sábado, 3 de agosto de 2013

Walter Bonatti: Un grande entre los grandes.

Walter Bonatti, no sólo fue el alpinista más grande de su generación. De todos los escaladores del pasado siglo, Bonatti reúne como pocos los valores esenciales de este deporte, la pureza, la exigencia y la ética que utilizamos indisolublemente unida a la montaña. Asombró al mundo con una sencilla a la vez que magistral ecuación que llevo hasta su extremo; "Menos es más". Nos demostró que el hombre puede, y por lo tanto debe,  enfrentarse a los espacios mas inaccesibles y a  las alturas mas inverosímiles, con el mínimo de elementos materiales.
Paradojicamente esa exigencia y esa búsqueda de la verdad le llevó varias veces a ser piedra de escándalo  Haciendo honor al refrán de que nadie es profeta en su tierra, la prensa italiana arremetió contra Bonatti. Sin embargo, el tiempo ha puesto la cosas en su lugar y hoy en este blog, recordamos  a Bonatti como un grande entre los grandes.

Como para tantos otros alpinistas, los Alpes fueron un lugar de juego perfecto para el joven Bonatti. Era el lugar donde se probaban a sí mismos, donde recorrían los pasos de los grandes pioneros. Sin embargo en aquella época  en 1951, aún quedaban varios desafíos abiertos en la vía alpina. Uno de los más espectaculares era el Gran Capuccin, una formidable aguja roja con una inexpugnable pared este que se presentaba como un problema sin solución.




En 1951, cuando contaba apenas con 21 años de edad,  Bonatti dirigió sus ojos hacia la pared este del Gran Capuccin. Todavía no había escalado ninguna gran pared virgen y sería donde forjaría su sueño de alcanzar una cima por una vía completamente suya, buscada y trazada únicamente en su imaginación, y con único compañero de cordada. El Gran Capuccin se convertiría así en el doctorado Cum Laude de Bonatti en la alta montaña. Luciano Ghiggo fue el compañero elegido. El gran Gaston Rebuffatt definiría aquella escalada difícil y compleja como "la mayor empresa en roca jamás realizada". Hoy en día la escalada de Bonatti y Ghiggo sigue siendo considerada un clásico, una de esas grandes vías que permanecen intactas en la memoria de los Alpes, como el Espolón Walker, las Grandess Jorasses o la Norte del Eiger. Para acometer la ascensión, Bonatti y Ghiggo fue de 35  clavijas, 25 mosquetones de hierro, dos cuerdas de cañamo de 30 metros cada una, dos cuñas de madera y 3 estribos. Ejemplo perfecto de la ética espartana que ejemplarizó Bonatti. 

Al acometer esta escalada  a este impresionante obelisco de 3,838 metros de altura, se colocaron voluntariamente entre la espada y la pared. No había posibilidad de socorrerlos ni tampoco de retirada. Bonatti intentó varias veces la pared este del Gran Capuccin, ya fuese el tiempo o las tremendas dificultades de este minarete nunca antes conquistado, tuvo que dar vuelta atrás y volver a empezar desde cero. Al fin, tras cuatro días de intensa lucha, consiguió la cima junto a Luciano Ghiggo en Julio de 1951.




Tras varias ascensiones memorables, el nombre de Bonatti no dejó de crecer hasta convertirse en el más grande alpinista de su época  Pero el precio que tuvo que pagar por ello fue muy alto. En 1954 después la expedición italiana el K2, se vio envuelto en una fuerte polémica  Bonatti tuvo que hacer junto a su porteador de altura un vivac a 8.100 metros de altura ya que el último campamento de altura fue cambiado de sitio por Lacedelli y Compagnoni sin previo aviso. A Bonatti y su porteador de altura se les hizo de noche mientras llevaban el oxigeno a la otra cordada para su asalto a la cumbre. Todo esto generó una fuerte controversia entre ellos. Bonatti acusó a sus compañeros de mover el campamento con malas intenciones  y de dejarles a la intemperie en la zona de la muerte.  Lacedelli y Compagnoni acusaron a Bonatti de querer la cumbre para él, de abandonar a Mahdi, su porteador y de consumir el oxigeno. Con el tiempo y tras numerosas investigaciones,  la versión de Bonatti se impuso, y Lacedelli se retractó y en un libro confirmó la versión de Bonatti. Walter Bonatti jamás se reconcilió con Compagnoni al acusarle este de haber consumido el oxígeno para hacer la cumbre. Bonatti quería escalar el K2, solo, en estilo alpino y sin oxígeno. Podía haberlo logrado. Dos decadas después Messner y Habeler asombraron al mundo al escalar el Everest sin oxígeno.


En 1961, durante la escalada del Pilar Freney en el Mont Blanc, se vio inmerso en una tragedia en la que fallecieron cuatro de los mejores  alpinistas de la época sorprendidos por una tormenta eléctrica. Uno tras otro fallecieron en la retirada del pilar. Sólo Bonatti y otros dos escaladores sobrevivieron. Los médicos que les reconocieron comprobaron que se encontraban mas allá de los límites de la resistencia humana. Como en el caso del K2, la prensa italiana volvió a ensañarse otra vez con Bonatti, los titulares de los periódicos se abalanzaron sobre la noticia y remachaban el número de muertos. El silencio y el dolor de los supervivientes se tomó por cobardía y por culpa. Bonatti al fin escribió: "La verdad, guste o no guste,  es que en allí arriba en el Freney todos fuimos hombres y hermanos, una trágica suerte nos había aislado del mundo en una trampa mortal y nadie fue capaz de socorrernos hasta el epílogo del drama. Yo sencillamente había sobrevivido, porque tal vez más que los demás, no había querido ni podido dejarme morir".

Más tarde, en su relato de la tragedia, Pierre el único francés superviviente declaró  que "Bonatti me había salvado la vida". Pero los reconocimientos llegaron tarde, cuando ya todo el daño estaba hecho. Bonatti se refugió en sus montañas, en ese mundo hermoso y vertical alejado de la mezquindad de los hombres, humillado y despreciado por sus propios compatriotas.


"Los franceses me han dado los máximos honores, han sido los italianos quienes no me han reconocido, al contrario me han acusado de la muerte de cuatro compañeros. Aquí entran en juego factores como la estupidez, el rencor, la envidia...el éxito no se perdona jamás" declaró Bonatti muchos años más tarde.


En 1965, después de la apertura de una nueva vía en la Cara Norte del Cervino, Bonatti abandonó en alpinismo profesional. Tenía sólo 35 años y le quedaban muchas montañas por escalar. Su temprano eclipse pedía del mismo silencio de esos grandes artistas que lo abandonaron todo en plena juventud. La actriz Greta Garbo, el ajedrezista Bobby Fischer, o Jacques Brel, que se retiró de la canción a los 40 años.
Como ellos, Walter Bonatti representa el mismo espíritu de pureza, de tensión y de perfección implacables. El mundo era un sitio demasiado pequeño y ruin para tolerar más tiempo los ojos de Greta Garbo o el insufrible talento de Bobby Fischer, tal vez el mundo, que no se merecía otra canción de Bler, tampoco se merecía otra escalada de Walter Bonatti.


Walter Bonatti 1930-2011 DEP

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