La Cordada Imposible
viernes, 11 de octubre de 2013
Dialogo con las estrellas
....porque la vida de un montañero son muchas noches mirando millones de estrellas en el cielo. Esta noche, probablemente mi alma siente la necesidad de escapar de la prisión de la carne y de esta vida monótona y aburrida, y unirse, muy lejos de nosotros y de nuestro tiempo a las estrellas. Ellas le hablan a mi alma acerca de mi existencia, en palabras limpias y silenciosas, le muestran el camino que conduce a sueños desconocidos, a una vinculación mas cercana entre el cielo y la tierra. Allí ante esa firmamento, los recuerdos de nuestras vidas terrenales brillan con la luz para siempre, allá donde al fin pueden vagar libremente....
lunes, 23 de septiembre de 2013
Roberto Frasinelli: El Alemán de Corao.
"Su verdadero teatro eran los Picos de Europa, Peña Santa, La Canal de Trea, los gigantescos Urrieles asturianos. En ellos se perdía meses enteros, llevando por todo ajuar un zurrón con harina de maíz y una lata para tostarlo al fuego de la hierba seca, su carabina y cartuchos. Vino bebía, bebía agua en la palma de la mano; carne sólo de rebeco, que abatía con certero disparo de escopeta y cuya asadura tostaba sobre la misma lata al mismo fuego; dormía entre las últimas matas de enebro; se bañaba al amanecer en los solitarios lagos de montaña y, al regresar de la penosa excursión a los Picos, se refrescaba revolcándose sobre la nieve"
Alejando Pidal
Alejando Pidal
viernes, 23 de agosto de 2013
Maurice Wilson: El loco de Yorkshire
Aburrido en la desidia que le dominaba desde que cayó herido en el frente, un buen día en 1932, Maurice Wilson comenzó a leer con desgana un periódico de ocho años antes. Lo que leyó le fascinó. Se trataba de una dramática expedición británica, en la que desaparecieron Mallory e Irvine. Leyendo entre lineas, Wilson intuyó un mundo cruel de nieves y hielos eternos, vientos inclementes y alturas más allá del alcance del ser humano que le dejó sin aliento.
Fue como una revelación, allí era donde debía de ir; debía ser el primero en hollar aquella cima, aquella sublime meta, para demostrar lo adecuado de su filosofía. Iría a conquistar el Everest. La fantasía habría quedado allí si aquel no hubiese sido Wilson. Él se entregó en cuerpo y alma a materializar su fantasía. Se enteró de que el alpinista norteamericano Charles Houston iba a realizar un vuelo sobre el Everest. Wilson lo vio claro. Trataría de que el norteamericano le lanzase en paracaídas sobre algún punto de la montaña para luego subir él hasta la cumbre. Lógicamente el plan no pudo realizarse.
Si siguiente idea fue tan básica como extravagante: Volaría desde Inglaterra hasta la base del Everest. Una vez allí, de un solo tirón subiría a la cima, obviando por completo los campamentos de altura. No obstante, contaba con dos pequeños inconvenientes: jamás había pisado una montaña y jamás había volado. Es importante resaltar que el nacimiento de la aviación había ocurrido pocos años antes, en 1903 concretamente, cuando Wilbur y Orville Wright realizaron el primer vuelo de la historia con un avión motorizado.
No fue obstáculo para que tan curioso personaje, que tenía 34 años, empezara a recibir clases de pilotaje, al mismo tiempo que fortalecía sus piernas con largas caminatas entre Londres y su residencia familiar, lo que hacía con una importante carga de peso en sus espaldas. Se compró un pequeño biplano al que bautizó con el ocurrente "everwrest" que significa ever, siempre, y wrest, lucha. Aunque cueste creerlo, aprendió a volar y sacó la licencia de vuelo.
Durante cinco semanas permaneció en los Lagos, lugar de encuentro y entrenamiento de alpinistas británicos . Sus biógrafos dudan de que aprendiera siquiera a hacer un nudo de escalada.
Publicitado en la prensa su intento, el Ministerio del Aire le prohibió despegar hacia la locura. Wilson a pie de pista ya, rompió el telegrama y despegó con su pequeño aparato. Después de un largo viaje, donde tuvo que evitar las zonas de influencia británicas alcanzó la localidad de Gwandar, al norte de la India. Allí sus autoridades lograron impedir que continuara su vuelo hacia Tíbet. Wilson malvendió su avioneta por 500 libras, contrató una habitación por seis meses para despistar y dijo que se iba a cazar tigres. Junto a tres Sherpas, disfrazado de lama tibetano y sin apenas equipaje partió el 21 de Marzo de 1934. Viajando de noche y evitando las poblaciones, cruzó Sikkim y Tíbet, para llegar a la cara Norte del Everest en 25 días. Sólo se detuvo un par de días en el Monasterio de Ongbuk para descansar. Luego partió solo hacia la montaña, cargado de un enorme equipaje. Entre sus pertenencias, llevaba un pequeño espejo con el que pensaba enviar hasta el monasterio señales luminosas desde la cumbre, para indicar que había subido. No pudo ir más allá de la confluencia de los dos glaciares de Rongbuk. Su escasa preparación, unida al mal tiempo, le obligaron a dar la vuelta, aunque no le lograron desanimar.
Tres semanas después volvió al ataque. Esta vez lo hizo con sus sherpas, quienes le llevaron fácilmente hasta el pie del Collado Norte en apenas tres días. Animado, anotó con una fe infantil: "Ahora se pueden distinguir con claridad la rura y la cumbre. Solo quedan 2,100 metros por recorrer".
Con increíble valentía y arrojo, se lanzó en solitario a remontar la temible pared de casi medio kilómetro e desnivel, coronada por imponentes témpanos de hielo dispuestos a desplomarse en cualquier momento. Atemorizados, los sherpas se negaron a acompañarle. Durante cuatro días, luchó contra la pared y sólo cuando se encontró una vertical pala de hielo, admitió la derrota. Había alcanzado 6.400 metros sin ninguna experiencia alpina.
De nuevo en el glaciar de Rongbuck, aguardó lo mínimo para poder enfrentarse de nuevo a la montaña. Antes de salir el 31 de mayo de dejó escritas sus últimas palabras. "Un día magnifico. De nuevo en marcha.". Poco después falleció, posiblemente de agotamiento. Su cuerpo fue descubierto dos años después en 1935 junto a su tienda en el glaciar de Rongbuk. Entre las pertenencias se encontraba su diario, gracias al cual pudieron reconstruirse sus últimos días.
Así terminó la aventura de Maurice Wilson, a quien su postrero aventura le otrogó el apodo de "el loco de Yorkshire". Ejemplo de tenacidad y de perseverancia, el mayor mérito de este hombre, antes que sus hazañas en el Everest, fue la impensable aventura de sobrevolar ocho mil kilómetros sin ninguna experiencia en aviación, atravesando medio mundo en vuelo solitario realizado en los albores de la navegación aérea.
Por hazañas mucho más mundanas y domesticas, aparecen en la prensa personajes de medio pelo hoy en día. No contento con ello, Wilson, cruzó el Himalaya y Tíbet en una furtiva caminata que le condujo a su destino.
Desde este humilde blog, nuestro más sentido homenaje y admiración para "El loco de Yorkshire". Por arriesgarse a soñar y por perseguir sus sueños...
Fue como una revelación, allí era donde debía de ir; debía ser el primero en hollar aquella cima, aquella sublime meta, para demostrar lo adecuado de su filosofía. Iría a conquistar el Everest. La fantasía habría quedado allí si aquel no hubiese sido Wilson. Él se entregó en cuerpo y alma a materializar su fantasía. Se enteró de que el alpinista norteamericano Charles Houston iba a realizar un vuelo sobre el Everest. Wilson lo vio claro. Trataría de que el norteamericano le lanzase en paracaídas sobre algún punto de la montaña para luego subir él hasta la cumbre. Lógicamente el plan no pudo realizarse.
Si siguiente idea fue tan básica como extravagante: Volaría desde Inglaterra hasta la base del Everest. Una vez allí, de un solo tirón subiría a la cima, obviando por completo los campamentos de altura. No obstante, contaba con dos pequeños inconvenientes: jamás había pisado una montaña y jamás había volado. Es importante resaltar que el nacimiento de la aviación había ocurrido pocos años antes, en 1903 concretamente, cuando Wilbur y Orville Wright realizaron el primer vuelo de la historia con un avión motorizado.
No fue obstáculo para que tan curioso personaje, que tenía 34 años, empezara a recibir clases de pilotaje, al mismo tiempo que fortalecía sus piernas con largas caminatas entre Londres y su residencia familiar, lo que hacía con una importante carga de peso en sus espaldas. Se compró un pequeño biplano al que bautizó con el ocurrente "everwrest" que significa ever, siempre, y wrest, lucha. Aunque cueste creerlo, aprendió a volar y sacó la licencia de vuelo.
Durante cinco semanas permaneció en los Lagos, lugar de encuentro y entrenamiento de alpinistas británicos . Sus biógrafos dudan de que aprendiera siquiera a hacer un nudo de escalada.
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| Maurice Wilson |
Publicitado en la prensa su intento, el Ministerio del Aire le prohibió despegar hacia la locura. Wilson a pie de pista ya, rompió el telegrama y despegó con su pequeño aparato. Después de un largo viaje, donde tuvo que evitar las zonas de influencia británicas alcanzó la localidad de Gwandar, al norte de la India. Allí sus autoridades lograron impedir que continuara su vuelo hacia Tíbet. Wilson malvendió su avioneta por 500 libras, contrató una habitación por seis meses para despistar y dijo que se iba a cazar tigres. Junto a tres Sherpas, disfrazado de lama tibetano y sin apenas equipaje partió el 21 de Marzo de 1934. Viajando de noche y evitando las poblaciones, cruzó Sikkim y Tíbet, para llegar a la cara Norte del Everest en 25 días. Sólo se detuvo un par de días en el Monasterio de Ongbuk para descansar. Luego partió solo hacia la montaña, cargado de un enorme equipaje. Entre sus pertenencias, llevaba un pequeño espejo con el que pensaba enviar hasta el monasterio señales luminosas desde la cumbre, para indicar que había subido. No pudo ir más allá de la confluencia de los dos glaciares de Rongbuk. Su escasa preparación, unida al mal tiempo, le obligaron a dar la vuelta, aunque no le lograron desanimar.
Tres semanas después volvió al ataque. Esta vez lo hizo con sus sherpas, quienes le llevaron fácilmente hasta el pie del Collado Norte en apenas tres días. Animado, anotó con una fe infantil: "Ahora se pueden distinguir con claridad la rura y la cumbre. Solo quedan 2,100 metros por recorrer".
Con increíble valentía y arrojo, se lanzó en solitario a remontar la temible pared de casi medio kilómetro e desnivel, coronada por imponentes témpanos de hielo dispuestos a desplomarse en cualquier momento. Atemorizados, los sherpas se negaron a acompañarle. Durante cuatro días, luchó contra la pared y sólo cuando se encontró una vertical pala de hielo, admitió la derrota. Había alcanzado 6.400 metros sin ninguna experiencia alpina.
De nuevo en el glaciar de Rongbuck, aguardó lo mínimo para poder enfrentarse de nuevo a la montaña. Antes de salir el 31 de mayo de dejó escritas sus últimas palabras. "Un día magnifico. De nuevo en marcha.". Poco después falleció, posiblemente de agotamiento. Su cuerpo fue descubierto dos años después en 1935 junto a su tienda en el glaciar de Rongbuk. Entre las pertenencias se encontraba su diario, gracias al cual pudieron reconstruirse sus últimos días.
Así terminó la aventura de Maurice Wilson, a quien su postrero aventura le otrogó el apodo de "el loco de Yorkshire". Ejemplo de tenacidad y de perseverancia, el mayor mérito de este hombre, antes que sus hazañas en el Everest, fue la impensable aventura de sobrevolar ocho mil kilómetros sin ninguna experiencia en aviación, atravesando medio mundo en vuelo solitario realizado en los albores de la navegación aérea.
Por hazañas mucho más mundanas y domesticas, aparecen en la prensa personajes de medio pelo hoy en día. No contento con ello, Wilson, cruzó el Himalaya y Tíbet en una furtiva caminata que le condujo a su destino.
Desde este humilde blog, nuestro más sentido homenaje y admiración para "El loco de Yorkshire". Por arriesgarse a soñar y por perseguir sus sueños...
miércoles, 14 de agosto de 2013
Vignemale: La montaña del conde Russell
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| Henry Rusell |
El caso es que el vástago británico nacido en Francia iba a ser uno de los mayores pirineistas, y seguramente, el personaje más enamorado de los Pirineos a lo largo de su Historia.
Tras su formación académica en la tierra de su padre, siendo un adolescente vivió con su familia en Pau, donde tuvo sus primeros contactos con los Pirineos. Pero no iba a ser su relación con los Pirineos un flechazo rápido, ni fruto de no tener más alternativas a sus ansias de vida salvaje. Se enroló como Marino en un velero que le llevó por todo América del Sur en un periplo de tres años. Con 24 años, el joven Russell, vuelve un verano a Pirineos donde realiza un buen numero de ascensiones. Ahí nacen muchos sueños de futuro para el joven Russell, porque el presente otra vez le lleva a los mares. Esta vez a los mares de Oriente y a las tierras del lejano continente asiático En esos 4 años realizará una travesía en Trineo por Siberia y visitará las elevadas montañas del Himalaya, en aquel momento una autentica aventura para un Europeo.
El caso es que nuestro Conde Russell, tras dar la vuelta al mundo entrando ya en la treintena y en plena madurez de su vida, volvió a los Pirineos. Y volvió para quedarse...
Comenzó, lindando la treintena, una sistemática exploración de la cordillera. Ascendió decenas de tresmiles, muchos de ellos aún vírgenes La relación sería demasiado larga, pero baste citar que las botas de Russell fueron las primeras en pisar el Cilindro de Marboré, con sus 3.328 mts una de las grandes cumbres vírgenes. Fue el primero también en el Gorgs Blancs y en el Arlaud de 3,129 y 3,065 metros respectivamente. Abrió la cara este del Monte Perdido. Subió los entonces vírgenes Pico de Alba, de 3,100 mts, el Tempestades de 3,310 y la Maladeta occidental de 3,200. Aunque recorrió toda la cordillera y muchas de sus ascensiones tuvieron como escenario la Maladetas, sin embargo, se enamoró del Vignemale.
Fue también un pionero en la escalada invernal, y de hecho es suya la primera al Vignemale en Invierno. Podemos decir que el Vignemale fue su montaña. Y lo fue en sentido figurado y en el sentido estrictamente legal.
El conde Russell según fue cumpliendo alos, comenzó a apartarse de los actos sociales, en los que tenía por su título la obligación de asistir y por su puesto relevante entre los montañeros del momento. Si nunca había sido una persona extrovertida, poco a poco fue huyendo de las fiestas y de las reuniones y se refugiando en la soledad de sus montañas. Ascendió repetidamente el Vignemale y en sucesivos ascensos se fue habilitando diversos refugios en las laderas y aún cerca de la misma cumbre de su montaña. Eran cuevas agrandadas y preparadas para que unas pocas personas pudieran protegerse, Pero él no necesitaba problemas para vivaquear allí, y con frecuencia se quedaba a dormir en cualquiera de ellas, especialmente en Belleuve y en Paradise.Henru Russell ascendió el Vignemale en más de treinta ocasiones y llegó a alquilar la montaña en la prefectura de Henry Pyrenées, durante noventa y nueve años_ hasta 1987 fue su propiedad privada-. Pasó muchas noches solitarias cerca de su cumbre, en la gruta del Paraíso, acompañado solo de las estrellas en el cielo y del glaciar de Ossue a sus pies. Cuando ahora decidimos ir al Vignemale, nunca se debería dejar de lado un pensamiento para él.
A sus sesenta y nueve años logró ascender una vez más a su montaña y comprendió que las fuerzas le abandonaban( moriría tres años después), y se dice que lloró en el descenso de su amada montaña, cuando sus ojos se reflejaban por última vez en su suelo de cristal. Y yo digo que entonces sus lagrimas debieron de helarse al instante, y quedaron para siempre petrificadas en el Vignemale.
Souvenirs d,un montagnard, recuerdos de un montañero. Así quiso Russell ser recordado. Así le recordamos hoy.
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| VIGNEMALE |
martes, 13 de agosto de 2013
Trekking Macizo Urrieles
Viernes 9 de Agosto
Poncebos- Jou de Cabrones
Desnivel: 1.700 mts
Dificultad: Alta
El simple hecho de preparar la mochila, meter todos los elementos necesarios para prepararte para hacer una noche en la montaña, hace que uno se sienta intensamente vivo. Hasta la inhabitual sensación de salir de casa ese día sin saber ni tan siquiera que ruta vas a realizar, hace que uno vuelva de nuevo a sentir esa sensación intensa de vida que transmite el hecho de irse a la aventura.
Una persistente lluvia nos hizo ponernos en lo peor al ir ganando kilómetros hacia Poncebos, lugar de inicio de la ruta finalmente seleccionado y, digno sea de mención nos recibió con un esplendido sol. Desde Poncebos y a través de un buen sendero fuimos ganando los primeros compases de la ruta en dirección a Bulnes de Arriba donde realizamos la primera parada larga con fines de avituallamiento.
En esta primera fotografía podéis observar la vista del Pueblo de Bulnes desde El Castillo o Bulnes de Arriba donde como antes he mencionado, hicimos nuestra primera parada para comer.
Continuamos la travesía hacia el Jou de Cabrones, el destino que finalmente nos trazamos para concluir esta primera jornada, y después de cruzar una vega con un sendero muy placido nos encontramos ante la primera dificultad seria de la subida, la impresionante Canal de Amuesa.( Foto de debajo).
| Canal de Amuesa |
Con reputación de ser una canal bastante complicada y dura, la subida se hizo a un ritmo lento a pesar de las buenas condiciones climáticas que prevalecían soplando un delicioso viento fresco. Haciendo honor a ese dicho de que las Montañas no se mueven de su sitio, el ascenso de esta canal fue lento ya que íbamos bien de hora, y adecuamos un ritmo de subida bastante liviano. Una vez concluida la ascensión de la Canal de Amuesa y como premio al esfuerzo, disfrutamos de unas espectaculares vistas del Macizo del Cornión.
| Macizo del Cornión |
Una breve parada para disfrutar de las preciosas vistas y reponer fuerzas antes de empezar la subida a la Cuesta del Trave, donde debemos pasar por una zona de lajas bastante inclinadas. Después de pasar estas llambrias comienza la zona más complicada de todo el recorrido por la parte alta del Jou Lluengu. El sendero va muy arrimado a los Cuetos del Trave y es bastante horizontal. En seguida llegamos a la que es la parte más complicada de toda la etapa, donde hay que subir un pequeño murete por el que se trepa y en que existe un cordino de pasamanos para alcanzar una brecha. Una vez en la brecha se debe eprder altura para atravesar por una cornisas en las que también hay colocado un pasamanos, para facilitar el paso y poder llegar a un último collado que da entrada al Jou de los Cabrones, donde existe un refugio llamado José Ramón Lueje.
| Refugio José Ramón Lueje en el Jou de Cabrones 2,030 mts |
| De camino al Jou de Cabrones |
Una vez alcanzado el "campamento base", tras seis horas de subida desde Poncebos, comenzamos a preparar el Vivac. La tarde noche era perfecta, cielo despejado y temperatura agradable se unian para darnos la oportunidad de disfrutar de una maravillosa noche donde las estrellas, los cometas y la vía láctea se mostraban impresionantes ante nuestros ojos. La oportunidad perfecta de disfrutar de un maravilloso dialogo con las estrellas. ¿Existe acaso cama más agradable que la hierba , o techo más bonito que las estrellas?
| Pico Cabrones al atardecer |
No se puede decir que el sueño fuese profundo y largo, pero si que se puede hablar de que se pasó una noche maravillosa en una intima y profunda comunión con la naturaleza. En esos momentos cuando piensa en todo lo que ha dejado atrás, se ve con claridad esa bajeza, esa vulgaridad y esa monotonía del mundo, y uno puede soñar despierto apasionadamente con encontrar una existencia más noble, más libre y más generosa. Ante el espectáculo de las altas montañas, de las estrellas del firmamento, uno puede adivinar y sentir que estas nos permitirán disfrutar alegrías, acariciar sueños y conseguir nuestra propia satisfacción y orgullo.
DÍA 2 Sábado 10 de Agosto
Jou de Cabrones- Poncebos
Después de una noche casi en vela, y de disfrutar de un precioso amanecer en un sitio de autentico lujo, a las 7:30 horas nos pusimos en marcha hacia el Torre Cerredo en principio el objetivo a asumir. Sin embargo rápidamente decidimos desistir del objetivo en esta ocasión y decidimos empezar el descenso por cuestiones de horarios y de fuerzas de algún expedicionario.
Acometimos el descenso con precaución por los interminables neveros de nieve muy dura que tuvimos que ir sorteando con bastante precaución para evitar sustos. Tras descender un buen rato entre llambrias, hicimos una parada para recuperar fuerzas con unas vistas excepcionales y raudos continuamos camino hacia el Refugio del Urriellu por el paso de la Brecha de los Cazadores. La llegada al carismatico Naranjo de Bulnes fue celebrada con una amplia parada para disfrutar de una cerveza y echar un vistazo a la batalla que varias cordadas iban librando en el Urriellu para ganar su cima.
Tras un buen rato de descanso, nos dispusimos a salvar el último obstáculo en nuestro camino, el descenso hasta Bulnes a través de la complicada Canal de Cambureru. Aquí se produjo el hecho más triste y negativo de la aventura ya que uno de los expedicionarios tuvo que ser evacuado en helicóptero al romperse un tobillo debido a una caída en la bajada en la zona del pedrero tan característico de este sistema montañoso. Dos horas largas de espera hasta que nuestro compañero y amigo fue evacuado de la zona en dirección a Arriondas.
| Jou de Cabrones Vivac 06:00 AM sábado 10-8-13 |
| Descenso hacia el Urriellu |
Tras un buen rato de descanso, nos dispusimos a salvar el último obstáculo en nuestro camino, el descenso hasta Bulnes a través de la complicada Canal de Cambureru. Aquí se produjo el hecho más triste y negativo de la aventura ya que uno de los expedicionarios tuvo que ser evacuado en helicóptero al romperse un tobillo debido a una caída en la bajada en la zona del pedrero tan característico de este sistema montañoso. Dos horas largas de espera hasta que nuestro compañero y amigo fue evacuado de la zona en dirección a Arriondas.
Cabizbajos por lo sucedido continuamos el peligroso y complicado descenso por la canal de Cambuereru y la de Balcosín hacia Bulnes donde desandamos de nuevo el camino del día
anterior para llegar a Poncebos de nuevo a nuestro vehículo. Tras el tiempo justo para disfrutar un refresco nos dirigimos a recoger al infortunado compañero y regresar a nuestras casas, cansados, profundamente cansados, pero íntimamente satisfechos por haber disfrutado de dos días en ese mundo de roca y nieve que tantas alegrías y penas nos da y, que en definitiva, nos hace sentir la vida de una forma tan intensa y enriquecedora.
| Descenso por Cambureru |
sábado, 3 de agosto de 2013
Walter Bonatti: Un grande entre los grandes.
Walter Bonatti, no sólo fue el alpinista más grande de su generación. De todos los escaladores del pasado siglo, Bonatti reúne como pocos los valores esenciales de este deporte, la pureza, la exigencia y la ética que utilizamos indisolublemente unida a la montaña. Asombró al mundo con una sencilla a la vez que magistral ecuación que llevo hasta su extremo; "Menos es más". Nos demostró que el hombre puede, y por lo tanto debe, enfrentarse a los espacios mas inaccesibles y a las alturas mas inverosímiles, con el mínimo de elementos materiales.
Paradojicamente esa exigencia y esa búsqueda de la verdad le llevó varias veces a ser piedra de escándalo Haciendo honor al refrán de que nadie es profeta en su tierra, la prensa italiana arremetió contra Bonatti. Sin embargo, el tiempo ha puesto la cosas en su lugar y hoy en este blog, recordamos a Bonatti como un grande entre los grandes.
Como para tantos otros alpinistas, los Alpes fueron un lugar de juego perfecto para el joven Bonatti. Era el lugar donde se probaban a sí mismos, donde recorrían los pasos de los grandes pioneros. Sin embargo en aquella época en 1951, aún quedaban varios desafíos abiertos en la vía alpina. Uno de los más espectaculares era el Gran Capuccin, una formidable aguja roja con una inexpugnable pared este que se presentaba como un problema sin solución.

En 1951, cuando contaba apenas con 21 años de edad, Bonatti dirigió sus ojos hacia la pared este del Gran Capuccin. Todavía no había escalado ninguna gran pared virgen y sería donde forjaría su sueño de alcanzar una cima por una vía completamente suya, buscada y trazada únicamente en su imaginación, y con único compañero de cordada. El Gran Capuccin se convertiría así en el doctorado Cum Laude de Bonatti en la alta montaña. Luciano Ghiggo fue el compañero elegido. El gran Gaston Rebuffatt definiría aquella escalada difícil y compleja como "la mayor empresa en roca jamás realizada". Hoy en día la escalada de Bonatti y Ghiggo sigue siendo considerada un clásico, una de esas grandes vías que permanecen intactas en la memoria de los Alpes, como el Espolón Walker, las Grandess Jorasses o la Norte del Eiger. Para acometer la ascensión, Bonatti y Ghiggo fue de 35 clavijas, 25 mosquetones de hierro, dos cuerdas de cañamo de 30 metros cada una, dos cuñas de madera y 3 estribos. Ejemplo perfecto de la ética espartana que ejemplarizó Bonatti.
Al acometer esta escalada a este impresionante obelisco de 3,838 metros de altura, se colocaron voluntariamente entre la espada y la pared. No había posibilidad de socorrerlos ni tampoco de retirada. Bonatti intentó varias veces la pared este del Gran Capuccin, ya fuese el tiempo o las tremendas dificultades de este minarete nunca antes conquistado, tuvo que dar vuelta atrás y volver a empezar desde cero. Al fin, tras cuatro días de intensa lucha, consiguió la cima junto a Luciano Ghiggo en Julio de 1951.
Tras varias ascensiones memorables, el nombre de Bonatti no dejó de crecer hasta convertirse en el más grande alpinista de su época Pero el precio que tuvo que pagar por ello fue muy alto. En 1954 después la expedición italiana el K2, se vio envuelto en una fuerte polémica Bonatti tuvo que hacer junto a su porteador de altura un vivac a 8.100 metros de altura ya que el último campamento de altura fue cambiado de sitio por Lacedelli y Compagnoni sin previo aviso. A Bonatti y su porteador de altura se les hizo de noche mientras llevaban el oxigeno a la otra cordada para su asalto a la cumbre. Todo esto generó una fuerte controversia entre ellos. Bonatti acusó a sus compañeros de mover el campamento con malas intenciones y de dejarles a la intemperie en la zona de la muerte. Lacedelli y Compagnoni acusaron a Bonatti de querer la cumbre para él, de abandonar a Mahdi, su porteador y de consumir el oxigeno. Con el tiempo y tras numerosas investigaciones, la versión de Bonatti se impuso, y Lacedelli se retractó y en un libro confirmó la versión de Bonatti. Walter Bonatti jamás se reconcilió con Compagnoni al acusarle este de haber consumido el oxígeno para hacer la cumbre. Bonatti quería escalar el K2, solo, en estilo alpino y sin oxígeno. Podía haberlo logrado. Dos decadas después Messner y Habeler asombraron al mundo al escalar el Everest sin oxígeno.
En 1961, durante la escalada del Pilar Freney en el Mont Blanc, se vio inmerso en una tragedia en la que fallecieron cuatro de los mejores alpinistas de la época sorprendidos por una tormenta eléctrica. Uno tras otro fallecieron en la retirada del pilar. Sólo Bonatti y otros dos escaladores sobrevivieron. Los médicos que les reconocieron comprobaron que se encontraban mas allá de los límites de la resistencia humana. Como en el caso del K2, la prensa italiana volvió a ensañarse otra vez con Bonatti, los titulares de los periódicos se abalanzaron sobre la noticia y remachaban el número de muertos. El silencio y el dolor de los supervivientes se tomó por cobardía y por culpa. Bonatti al fin escribió: "La verdad, guste o no guste, es que en allí arriba en el Freney todos fuimos hombres y hermanos, una trágica suerte nos había aislado del mundo en una trampa mortal y nadie fue capaz de socorrernos hasta el epílogo del drama. Yo sencillamente había sobrevivido, porque tal vez más que los demás, no había querido ni podido dejarme morir".
Más tarde, en su relato de la tragedia, Pierre el único francés superviviente declaró que "Bonatti me había salvado la vida". Pero los reconocimientos llegaron tarde, cuando ya todo el daño estaba hecho. Bonatti se refugió en sus montañas, en ese mundo hermoso y vertical alejado de la mezquindad de los hombres, humillado y despreciado por sus propios compatriotas.
"Los franceses me han dado los máximos honores, han sido los italianos quienes no me han reconocido, al contrario me han acusado de la muerte de cuatro compañeros. Aquí entran en juego factores como la estupidez, el rencor, la envidia...el éxito no se perdona jamás" declaró Bonatti muchos años más tarde.
En 1965, después de la apertura de una nueva vía en la Cara Norte del Cervino, Bonatti abandonó en alpinismo profesional. Tenía sólo 35 años y le quedaban muchas montañas por escalar. Su temprano eclipse pedía del mismo silencio de esos grandes artistas que lo abandonaron todo en plena juventud. La actriz Greta Garbo, el ajedrezista Bobby Fischer, o Jacques Brel, que se retiró de la canción a los 40 años.
Como ellos, Walter Bonatti representa el mismo espíritu de pureza, de tensión y de perfección implacables. El mundo era un sitio demasiado pequeño y ruin para tolerar más tiempo los ojos de Greta Garbo o el insufrible talento de Bobby Fischer, tal vez el mundo, que no se merecía otra canción de Bler, tampoco se merecía otra escalada de Walter Bonatti.
Walter Bonatti 1930-2011 DEP
Paradojicamente esa exigencia y esa búsqueda de la verdad le llevó varias veces a ser piedra de escándalo Haciendo honor al refrán de que nadie es profeta en su tierra, la prensa italiana arremetió contra Bonatti. Sin embargo, el tiempo ha puesto la cosas en su lugar y hoy en este blog, recordamos a Bonatti como un grande entre los grandes.
Como para tantos otros alpinistas, los Alpes fueron un lugar de juego perfecto para el joven Bonatti. Era el lugar donde se probaban a sí mismos, donde recorrían los pasos de los grandes pioneros. Sin embargo en aquella época en 1951, aún quedaban varios desafíos abiertos en la vía alpina. Uno de los más espectaculares era el Gran Capuccin, una formidable aguja roja con una inexpugnable pared este que se presentaba como un problema sin solución.

En 1951, cuando contaba apenas con 21 años de edad, Bonatti dirigió sus ojos hacia la pared este del Gran Capuccin. Todavía no había escalado ninguna gran pared virgen y sería donde forjaría su sueño de alcanzar una cima por una vía completamente suya, buscada y trazada únicamente en su imaginación, y con único compañero de cordada. El Gran Capuccin se convertiría así en el doctorado Cum Laude de Bonatti en la alta montaña. Luciano Ghiggo fue el compañero elegido. El gran Gaston Rebuffatt definiría aquella escalada difícil y compleja como "la mayor empresa en roca jamás realizada". Hoy en día la escalada de Bonatti y Ghiggo sigue siendo considerada un clásico, una de esas grandes vías que permanecen intactas en la memoria de los Alpes, como el Espolón Walker, las Grandess Jorasses o la Norte del Eiger. Para acometer la ascensión, Bonatti y Ghiggo fue de 35 clavijas, 25 mosquetones de hierro, dos cuerdas de cañamo de 30 metros cada una, dos cuñas de madera y 3 estribos. Ejemplo perfecto de la ética espartana que ejemplarizó Bonatti.
Al acometer esta escalada a este impresionante obelisco de 3,838 metros de altura, se colocaron voluntariamente entre la espada y la pared. No había posibilidad de socorrerlos ni tampoco de retirada. Bonatti intentó varias veces la pared este del Gran Capuccin, ya fuese el tiempo o las tremendas dificultades de este minarete nunca antes conquistado, tuvo que dar vuelta atrás y volver a empezar desde cero. Al fin, tras cuatro días de intensa lucha, consiguió la cima junto a Luciano Ghiggo en Julio de 1951.
Tras varias ascensiones memorables, el nombre de Bonatti no dejó de crecer hasta convertirse en el más grande alpinista de su época Pero el precio que tuvo que pagar por ello fue muy alto. En 1954 después la expedición italiana el K2, se vio envuelto en una fuerte polémica Bonatti tuvo que hacer junto a su porteador de altura un vivac a 8.100 metros de altura ya que el último campamento de altura fue cambiado de sitio por Lacedelli y Compagnoni sin previo aviso. A Bonatti y su porteador de altura se les hizo de noche mientras llevaban el oxigeno a la otra cordada para su asalto a la cumbre. Todo esto generó una fuerte controversia entre ellos. Bonatti acusó a sus compañeros de mover el campamento con malas intenciones y de dejarles a la intemperie en la zona de la muerte. Lacedelli y Compagnoni acusaron a Bonatti de querer la cumbre para él, de abandonar a Mahdi, su porteador y de consumir el oxigeno. Con el tiempo y tras numerosas investigaciones, la versión de Bonatti se impuso, y Lacedelli se retractó y en un libro confirmó la versión de Bonatti. Walter Bonatti jamás se reconcilió con Compagnoni al acusarle este de haber consumido el oxígeno para hacer la cumbre. Bonatti quería escalar el K2, solo, en estilo alpino y sin oxígeno. Podía haberlo logrado. Dos decadas después Messner y Habeler asombraron al mundo al escalar el Everest sin oxígeno.
En 1961, durante la escalada del Pilar Freney en el Mont Blanc, se vio inmerso en una tragedia en la que fallecieron cuatro de los mejores alpinistas de la época sorprendidos por una tormenta eléctrica. Uno tras otro fallecieron en la retirada del pilar. Sólo Bonatti y otros dos escaladores sobrevivieron. Los médicos que les reconocieron comprobaron que se encontraban mas allá de los límites de la resistencia humana. Como en el caso del K2, la prensa italiana volvió a ensañarse otra vez con Bonatti, los titulares de los periódicos se abalanzaron sobre la noticia y remachaban el número de muertos. El silencio y el dolor de los supervivientes se tomó por cobardía y por culpa. Bonatti al fin escribió: "La verdad, guste o no guste, es que en allí arriba en el Freney todos fuimos hombres y hermanos, una trágica suerte nos había aislado del mundo en una trampa mortal y nadie fue capaz de socorrernos hasta el epílogo del drama. Yo sencillamente había sobrevivido, porque tal vez más que los demás, no había querido ni podido dejarme morir".
Más tarde, en su relato de la tragedia, Pierre el único francés superviviente declaró que "Bonatti me había salvado la vida". Pero los reconocimientos llegaron tarde, cuando ya todo el daño estaba hecho. Bonatti se refugió en sus montañas, en ese mundo hermoso y vertical alejado de la mezquindad de los hombres, humillado y despreciado por sus propios compatriotas.
"Los franceses me han dado los máximos honores, han sido los italianos quienes no me han reconocido, al contrario me han acusado de la muerte de cuatro compañeros. Aquí entran en juego factores como la estupidez, el rencor, la envidia...el éxito no se perdona jamás" declaró Bonatti muchos años más tarde.
En 1965, después de la apertura de una nueva vía en la Cara Norte del Cervino, Bonatti abandonó en alpinismo profesional. Tenía sólo 35 años y le quedaban muchas montañas por escalar. Su temprano eclipse pedía del mismo silencio de esos grandes artistas que lo abandonaron todo en plena juventud. La actriz Greta Garbo, el ajedrezista Bobby Fischer, o Jacques Brel, que se retiró de la canción a los 40 años.
Como ellos, Walter Bonatti representa el mismo espíritu de pureza, de tensión y de perfección implacables. El mundo era un sitio demasiado pequeño y ruin para tolerar más tiempo los ojos de Greta Garbo o el insufrible talento de Bobby Fischer, tal vez el mundo, que no se merecía otra canción de Bler, tampoco se merecía otra escalada de Walter Bonatti.
Walter Bonatti 1930-2011 DEP
miércoles, 31 de julio de 2013
Subida a Peña Rueda
Con una hora de retraso sobre el horario marcado que eran las 9.30 hrs de la mañana del sábado 20 de Julio de 2013, comenzamos desde el pueblo de Lindes la subida hasta Peña Rueda. Un grupo de 10 personas de diferentes localidades asturianas nos dimos cita para disfrutar de una jornada muy esperada.
Dejamos los coches en la iglesia de Lindes y siguiendo el camino que indica un cartel empezamos a ganar altura poco a poco por un bosque en forma de zig-zag con una pendiente bastante pronunciada. Enseguida nos encontraremos una bifurcación. que por un lado nos conduce hacia los Puertos de Agueria, y por el otro lado perfectamente indicado hacia Peña Rueda a donde llegaremos a través del Cuchillar de Rueda.
Un precioso bosque de hayas, castaños y encinas nos conduce a Manín donde encontramos una cabaña donde disfrutar de las última sombras que disfrutaremos en mucho tiempo. A nuestra derecha comenzamos la ascensión por Vallina Grande una pradería bastante pedregosa con un sendero bien marcado. Poco a poco vamos ganando altura y podemos apreciar las fantásticas vistas de Peña Rueda. Desde esa Vallina Grande tomaremos el camino hacia la cima por el Cuchillar, una ascenso realmente bonito por las vistas de las que se puede disfrutar.
El Cuchillar propiamente es la zona más bonita para ascender ya que nos permite gozar de fantásticos paisajes. El único contratiempo que nos encontramos fue en la vegetación existente que en algunos casos tapaba agujeros debajo de ella que sólo descubríamos cuando clavábamos el bastón de apoyo.
Desde la cima se queda uno ausente y maravillado por la belleza de este paisaje pudiendo contemplar perfectamente Peña Ubiña, Los Fontanes, Los Picos de Europa y el la Sierra del Aramo destacando el Gamoniteiru. Un buen rato en la cumbre de comida y de relajación y paz interior en compañía de dos montañeros que nos encontramos en la subida y que nos acompañaron en buena parte de ella.
El descenso se realizó en paralelo al Cuchillar por una ruta que no recomiendo hacer ya que nos pareció bastante peor que la de la subida.

En resumen, una apacible jornada donde todos disfrutamos de esta bonita montaña y donde nos quedamos con ganas de afrontar nuevos retos próximamente.
RUTA: LINDES- PEÑA RUEDA
DESNIVEL: 1255 Mts
TIEMPO: 5 H 45 MIN
DIFICULTAD: MEDIA
Dejamos los coches en la iglesia de Lindes y siguiendo el camino que indica un cartel empezamos a ganar altura poco a poco por un bosque en forma de zig-zag con una pendiente bastante pronunciada. Enseguida nos encontraremos una bifurcación. que por un lado nos conduce hacia los Puertos de Agueria, y por el otro lado perfectamente indicado hacia Peña Rueda a donde llegaremos a través del Cuchillar de Rueda.
Un precioso bosque de hayas, castaños y encinas nos conduce a Manín donde encontramos una cabaña donde disfrutar de las última sombras que disfrutaremos en mucho tiempo. A nuestra derecha comenzamos la ascensión por Vallina Grande una pradería bastante pedregosa con un sendero bien marcado. Poco a poco vamos ganando altura y podemos apreciar las fantásticas vistas de Peña Rueda. Desde esa Vallina Grande tomaremos el camino hacia la cima por el Cuchillar, una ascenso realmente bonito por las vistas de las que se puede disfrutar.
El Cuchillar propiamente es la zona más bonita para ascender ya que nos permite gozar de fantásticos paisajes. El único contratiempo que nos encontramos fue en la vegetación existente que en algunos casos tapaba agujeros debajo de ella que sólo descubríamos cuando clavábamos el bastón de apoyo.
Desde la cima se queda uno ausente y maravillado por la belleza de este paisaje pudiendo contemplar perfectamente Peña Ubiña, Los Fontanes, Los Picos de Europa y el la Sierra del Aramo destacando el Gamoniteiru. Un buen rato en la cumbre de comida y de relajación y paz interior en compañía de dos montañeros que nos encontramos en la subida y que nos acompañaron en buena parte de ella.
El descenso se realizó en paralelo al Cuchillar por una ruta que no recomiendo hacer ya que nos pareció bastante peor que la de la subida.
En resumen, una apacible jornada donde todos disfrutamos de esta bonita montaña y donde nos quedamos con ganas de afrontar nuevos retos próximamente.
RUTA: LINDES- PEÑA RUEDA
DESNIVEL: 1255 Mts
TIEMPO: 5 H 45 MIN
DIFICULTAD: MEDIA
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