Fue como una revelación, allí era donde debía de ir; debía ser el primero en hollar aquella cima, aquella sublime meta, para demostrar lo adecuado de su filosofía. Iría a conquistar el Everest. La fantasía habría quedado allí si aquel no hubiese sido Wilson. Él se entregó en cuerpo y alma a materializar su fantasía. Se enteró de que el alpinista norteamericano Charles Houston iba a realizar un vuelo sobre el Everest. Wilson lo vio claro. Trataría de que el norteamericano le lanzase en paracaídas sobre algún punto de la montaña para luego subir él hasta la cumbre. Lógicamente el plan no pudo realizarse.
Si siguiente idea fue tan básica como extravagante: Volaría desde Inglaterra hasta la base del Everest. Una vez allí, de un solo tirón subiría a la cima, obviando por completo los campamentos de altura. No obstante, contaba con dos pequeños inconvenientes: jamás había pisado una montaña y jamás había volado. Es importante resaltar que el nacimiento de la aviación había ocurrido pocos años antes, en 1903 concretamente, cuando Wilbur y Orville Wright realizaron el primer vuelo de la historia con un avión motorizado.
No fue obstáculo para que tan curioso personaje, que tenía 34 años, empezara a recibir clases de pilotaje, al mismo tiempo que fortalecía sus piernas con largas caminatas entre Londres y su residencia familiar, lo que hacía con una importante carga de peso en sus espaldas. Se compró un pequeño biplano al que bautizó con el ocurrente "everwrest" que significa ever, siempre, y wrest, lucha. Aunque cueste creerlo, aprendió a volar y sacó la licencia de vuelo.
Durante cinco semanas permaneció en los Lagos, lugar de encuentro y entrenamiento de alpinistas británicos . Sus biógrafos dudan de que aprendiera siquiera a hacer un nudo de escalada.
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| Maurice Wilson |
Publicitado en la prensa su intento, el Ministerio del Aire le prohibió despegar hacia la locura. Wilson a pie de pista ya, rompió el telegrama y despegó con su pequeño aparato. Después de un largo viaje, donde tuvo que evitar las zonas de influencia británicas alcanzó la localidad de Gwandar, al norte de la India. Allí sus autoridades lograron impedir que continuara su vuelo hacia Tíbet. Wilson malvendió su avioneta por 500 libras, contrató una habitación por seis meses para despistar y dijo que se iba a cazar tigres. Junto a tres Sherpas, disfrazado de lama tibetano y sin apenas equipaje partió el 21 de Marzo de 1934. Viajando de noche y evitando las poblaciones, cruzó Sikkim y Tíbet, para llegar a la cara Norte del Everest en 25 días. Sólo se detuvo un par de días en el Monasterio de Ongbuk para descansar. Luego partió solo hacia la montaña, cargado de un enorme equipaje. Entre sus pertenencias, llevaba un pequeño espejo con el que pensaba enviar hasta el monasterio señales luminosas desde la cumbre, para indicar que había subido. No pudo ir más allá de la confluencia de los dos glaciares de Rongbuk. Su escasa preparación, unida al mal tiempo, le obligaron a dar la vuelta, aunque no le lograron desanimar.
Tres semanas después volvió al ataque. Esta vez lo hizo con sus sherpas, quienes le llevaron fácilmente hasta el pie del Collado Norte en apenas tres días. Animado, anotó con una fe infantil: "Ahora se pueden distinguir con claridad la rura y la cumbre. Solo quedan 2,100 metros por recorrer".
Con increíble valentía y arrojo, se lanzó en solitario a remontar la temible pared de casi medio kilómetro e desnivel, coronada por imponentes témpanos de hielo dispuestos a desplomarse en cualquier momento. Atemorizados, los sherpas se negaron a acompañarle. Durante cuatro días, luchó contra la pared y sólo cuando se encontró una vertical pala de hielo, admitió la derrota. Había alcanzado 6.400 metros sin ninguna experiencia alpina.
De nuevo en el glaciar de Rongbuck, aguardó lo mínimo para poder enfrentarse de nuevo a la montaña. Antes de salir el 31 de mayo de dejó escritas sus últimas palabras. "Un día magnifico. De nuevo en marcha.". Poco después falleció, posiblemente de agotamiento. Su cuerpo fue descubierto dos años después en 1935 junto a su tienda en el glaciar de Rongbuk. Entre las pertenencias se encontraba su diario, gracias al cual pudieron reconstruirse sus últimos días.
Así terminó la aventura de Maurice Wilson, a quien su postrero aventura le otrogó el apodo de "el loco de Yorkshire". Ejemplo de tenacidad y de perseverancia, el mayor mérito de este hombre, antes que sus hazañas en el Everest, fue la impensable aventura de sobrevolar ocho mil kilómetros sin ninguna experiencia en aviación, atravesando medio mundo en vuelo solitario realizado en los albores de la navegación aérea.
Por hazañas mucho más mundanas y domesticas, aparecen en la prensa personajes de medio pelo hoy en día. No contento con ello, Wilson, cruzó el Himalaya y Tíbet en una furtiva caminata que le condujo a su destino.
Desde este humilde blog, nuestro más sentido homenaje y admiración para "El loco de Yorkshire". Por arriesgarse a soñar y por perseguir sus sueños...








